Terremoto de Abril de 2014 en Chile. Vamos por buen camino. Lecciones aprendidas.

Hector Miguel Opazo Santis

Cuando se me acercó el Disaster Recovery Institute, DRI, a preguntarme sobre la posibilidad de escribir acerca del reciente terremoto del 1 de Abril de 2014 en Chile, no dude en ningún momento de que haría este artículo en los plazos solicitados. La respuesta fue inmediata, no solo en términos de compartir experiencias con la comunidad del DRI, sino porque detrás de este objetivo hay un convencimiento personal acerca de lo que ha estado pasando en mi país respecto al manejo de estas catástrofes, después del terremoto de febrero  de 2010.

Si quisiéramos establecer un comparativo entre ambos terremotos resulta muy difícil de hacer, magnitudes diferentes, zonas geográficas distintas, densidad poblacional inmensamente menor para el caso del terremoto de Abril de 2014, entre otros; sin embargo, resulta necesario trabajar con estos datos para entender básicamente que hay ciertos elementos propios de la Continuidad de Negocio que han influido positivamente en mitigar el impacto.

La siguiente figura refleja algunos números de dominio público que pueden ser discutidos, quizás no, pero que son un comparativo en términos de la información existente y otra estimada dado lo reciente del último desastre.

f1

Si quisiéramos centrarnos en los números, propiamente tal, podríamos establecer algunas conclusiones. Según expertos, el último terremoto de abril de 2014 fue casi 8 veces menor en cuento a la energía liberada y por ende, en la fuerza con que se movió la tierra respecto de 2010. El número de viviendas afectadas en el sismo de 2014, es 20 o 30 veces menor respecto de la experiencia sufrida el año 2010, o tal vez, decir que el tsunami del año 2010 fue muy superior al del 2014 en el tamaño de la ola que llega a las costas chilenas, por ende, capacidad destructiva. En fin, se pueden hacer comparaciones desde diferentes ángulos y con distintos fines, lo que sí es posible concluir, es que el terremoto de abril 2014 fue mucho menor de acuerdo a lo que reflejan todos los indicadores, al de febrero de 2010.

Sin embargo, lo que no debemos dejar de entender, es que este terremoto reciente, es importante en cuanto a magnitud e impacto en la región azotada. El sismo de abril 2014 tuvo una magnitud de 8.2 grados en escala de Richter, lo suficiente como para devastar cualquier región del mundo, ejemplos de comparación sobran, tales como:  Haití en el 2010, con 7.0 grados Richter y más de 200.000 muertos,  Pakistán el 2005 con 86.000 fallecidos y una intensidad de 7.6 grados Richter, el del año 2004 en Indonesia con más de 280.000 víctimas fatales y con una potencia de 8.9 grados Richter, y quizás el más comparable con el terremoto de Chile de febrero de 2010 con una magnitud de 8,8 grados Richter, además del tsunami generado. Estamos en presencia de un terremoto importante, eso sin lugar a dudas.

Ahora bien, independiente de todas las cifras expuestas en este artículo, lo que resulta interesante desde la mirada de la Continuidad de Negocio, es saber que acciones se tomaron en Chile desde el terremoto del año 2010 hasta ahora, y como estas acciones ayudaron profundamente a manejar de mejor manera la emergencia y con esto a el impacto, de caso contrario, se habría tenido que lamentar un escenario bastante peor, quizás no comparable con el terremoto del año 2010, pero sumamente superior al impacto que se conoce hasta el día de hoy.  Estas acciones apuntan precisamente en la dirección correcta en términos de Continuidad de Negocio y son el tema central de este escrito.

 

Lecciones aprendidas a partir del terremoto del año 2010

Con los datos anteriormente señalados, lo que es claro y una realidad empírica, es que hay un notorio avance en el manejo de muchas acciones que mitigaron el impacto del terremoto de abril de 2014 y que pueden ser ubicadas dentro de las 10 prácticas de Continuidad de Negocio del DRI.

1.- Medidas preventivas y control del riesgo

– Evacuación preventiva

El concepto de evacuación preventiva en Chile en el borde costero (lugares colindantes con las playas del país) existe desde hace bastante tiempo. Siempre ha existido una cultura histórica por parte de los habitantes de salir en caso de terremoto, pero sin indicaciones claras de cuándo y cómo hacerlo. En la práctica opera el instinto humano de supervivencia ante una situación de amenaza en vez de otra cosa.

A partir de las graves consecuencias que tuvo el terremoto de febrero de 2010 y el posterior tsunami que azotó las costas chilenas, siendo este último el evento que ocasionó más muertos, durante los años 2010 y el 2014 se implementaron varias mejoras que ayudaron en este sentido.

Se generó el concepto de auto evacuación en función de que si las personas “no logran sostenerse en pie, estando en el borde costero”, deben desalojar la zona. Tenemos que recordar que los tsunamis tardan tiempo en llegar a las costas después que ha sucedido un terremoto. Con esta indicación sencilla la población tiene un primer parámetro para evaluar.

Se reforzó la forma de cómo debe realizarse la evacuación: personas a pie, por cuáles vías se debe evacuar y hacia dónde dirigirse, los llamados “puntos de encuentro”. Todo esto reforzado con señalética instalada en playas del sector costero.

– Entrenamiento y sensibilización

Los programas de entrenamiento y sensibilización a la fecha del terremoto de 2010 no eran muy claros, tanto en términos del entrenamiento como divulgación. Lo real y concreto era la existencia de elementos puntuales que apoyaban esto, tales como: La academia de protección civil, la realización de algunos entrenamientos a colegios  y otras acciones, pero sin un programa formalmente creado. Esto evidentemente da muestras de no dimensionar a priori la importancia del entrenamiento o bien la falta de recursos disponible para hacerlo.

En estos últimos 4 años se avanzó en función de tener un programa real de entrenamiento, que ha sido denominado “Chile preparado”. Este programa contiene planificación formal en términos de ejercicios de simulacros en caso de tsunami, que se han venido realizando durante este último tiempo en el borde costero chileno, y que es de conocimiento público, con participación activa de mucha población, también se ha hecho distribución de material gráfico, videos de sensibilización que se utilizan en recintos de concurrencia masiva, tales como: cines, estadios, conciertos, además de capacitación en colegios, entre otros. Ha sido un avance importante respecto de la situación del terremoto del año 2010.

2.- Alertamiento

– Protocolos de manejo de alerta de la emergencia

Para el año 2010 existía un protocolo de manejo de la emergencia. Estaba publicado dentro de la oficialidad, pero dada la forma de cómo se ejecutó, es posible pensar en algunos vacíos respecto a su implementación, recursos y forma de proceder. En estas acciones lo que destaca es un proceso de toma de decisiones muy centralizado, lo que significa en la  práctica poca autonomía para las regiones en alertamiento preventivo, ya que ante la inexistencia de comunicación con el nivel central,  no fue posible decretar evacuación preventiva en las zonas de desastre.

A partir de la dura experiencia del terremoto de 2010, se rehízo el protocolo nuevamente, se establecieron medidas que permitieron dar autonomía a los Centros de  Alerta Regionales, para establecer evacuaciones preventivas para la población. Adicionalmente, se rediseñó la estructura del Centro de Operaciones de Emergencia Nacional y  los Centros de Operación de Emergencia Regionales (COE Regionales), esto a la par de simulaciones que les permitieron a sus integrantes prepararse para enfrentar emergencias como la vivida en el terremoto reciente de abril de 2014. Todo lo anterior, acompañado de dotar a los COE, de espacios que no se encuentren en zona de inundación y que les permitan reunirse en cualquier momento para realizar evaluaciones y tomar el mando de la coordinación de la respuesta.

– Mecanismos de alertamiento

El manejo de las alertas en modalidad 24 x 7 solo estaba implementado en el Servicio Hidrográfico Oceanográfico de la Armada (SHOA) para el año 2010, sin embargo, el Servicio Sismológico Nacional (SSN), institución que debe entregar al SHOA los parámetros sísmicos que le permiten determinar el riesgo de ocurrencia de un Tsunami, no poseían un modelo 24 x 7 para manejar los sistemas de alerta; adicionalmente con una red sismológica preparada sólo para investigación científica, con la que no se podía obtener información en menos de 10 minutos.  Todo esto, agravado por la débil red de telecomunicaciones que existía en ese momento, lo que mantuvo a las autoridades y organismos técnicos incomunicados con las regiones afectadas por bastante tiempo, y llevó a que realizaran anuncios de ausencia de tsumani, mientras ya había arribo de las primeras olas en algunos sectores.

En estos últimos 4 años se ha avanzado. Hoy se cuenta con sistemas 24 x 7 de alertamiento en la Oficina Nacional de Emergencia (ONEMI), SHOA y el SSN, con sistemas de telecomunicaciones que funcionan en escala dependiendo de su disponibilidad en el momento de emergencia, y donde las tres instituciones se coordinan de acuerdo a protocolos claros que se han ido simulando permanentemente, donde están definidos mensajes precisos que no permiten la interpretación de quienes los reciben. Todo esto quedó demostrado con el poco tiempo que demoró ONEMI en establecer evacuación preventiva y posteriormente el SSN y el SHOA en publicar magnitud del sismo y alarma de tsunami.

3.- Respuesta

– Coordinación del Centro de Operaciones de Emergencia                              (COE)

Sin duda alguna que hubo un gran avance en relación al manejo de la emergencia por parte del gobierno central durante el terremoto del 2014 respecto del anterior. El funcionamiento del centro de operaciones y emergencia nacional (COE) para el año 2010 aparentemente no estaba muy claro, su constitución, roles y funcionamiento que se evidenció, generó la impresión de no tener una coordinación pre diseñada.

Los COE a nivel regional a pesar de estar establecidos no se constituyeron (o al menos no en las instancias formales), quedando aislados del nivel central. Pudo haber existido poca instrucción y entrenamiento al respecto, tanto en el COE nacional como en los regionales.

A partir de la experiencia del año 2010, se volvieron a definir los roles, se reformuló el decreto nacional que los convoca, así como los mecanismos de activación, escalamientos y lugares de convocatoria (el COE nacional tiene definido lugar primario y secundario). También se realizaron ejercicios a nivel del COE  nacional y regionales, así como la entrega de instructivos.

Todas estas mejoras quedaron de manifiesto respecto de cómo la autoridad procedió en este terremoto del 2014, cómo fue administrada la emergencia y cómo cada responsable estuvo en el rol correspondiente. Ha sido un buen avance el que se ha generado en esta materia.

– Estado de catástrofe

El estado de catástrofe, quizás el control más efectivo en temas de resguardo social, ha sido un tema controversial respecto a la oportunidad en cuanto ha sido decretado e implementado. En un concepto simple, el estado de catástrofe consiste básicamente en entregar el control a las fuerzas armadas y de orden en las zonas de desastre.

Durante el terremoto del año 2010, el estado de catástrofe fue declarado en forma efectiva después de 36 horas después de haberse producido el terremoto. Esto trajo como consecuencia una serie de saqueos en la región de Bío Bío, problemas de seguridad ciudadana, descontrol  e indefensión por parte de la población.

Aquí hay una gran lección aprendida. A pesar de las diferencias técnicas explicadas en la primera parte del presente artículo, el año 2014 este estado de catástrofe fue declarado solo a las 2 horas de haber sucedido el terremoto, situación que ayudó a controlar cualquier intento de vandalismo en la zona del norte del país.

– Manejo comunicacional de la emergencia

En todo lo referente con las comunicaciones y vocería durante el reciente terremoto de abril de 2014, se ha evidenciado importantes cambios.

Todos los comunicados hacia la prensa los ha encabezado quien por protocolo ha sido nombrado para aquello, en este caso, el ministro del interior, quién además preside el COE nacional. En su defecto, su remplazo natural en la vocería fue el director de la ONEMI. Siempre fueron ellos quienes llevaron las comunicaciones de carácter técnico.

En tanto,  el rol de la presidencia en materia comunicacional, ha sido generar tranquilidad en la población y entregar mensajes con información resumida. Todo esto producto de una estrategia diseñada por la Secretaría de Comunicaciones entre los años 2010 a 2014.

Para el terremoto del año 2010, esta vocería fue asumida en la práctica por la presidencia de la nación, poniendo de manifiesto alguna confusión en el manejo de los roles al interior de la emergencia.

Todas estas acciones descritas, que han sido tomadas a partir de la última experiencia traumática, como lo fue el terremoto de febrero de 2010, han repercutido de una u otra forma de manera positiva en el manejo de la emergencia ocurrida en abril de 2014, que además si se examinan en detalle, van muy alineadas con las 10 prácticas profesionales del DRI en gestión de Continuidad de Negocio. Se debe solo ubicarlas en las prácticas ya conocidas por todos.

 

El futuro cercano y posibilidades de mejora

Ahora quizás viene la etapa más difícil, que tiene que ver con la reconstrucción y vuelta a la normalidad. Esta es una parte del plan que ha sido poco desarrollado, pero que es tan o más importante como el manejo propio de la emergencia. Poner los acentos correctos con el fin de volver cuanto antes a una situación de normalidad es lo que cualquier organización desea. Sin embargo, los efectos de un terremoto de las magnitudes a las cuales nos hemos referido, siempre son cuantiosas y el proceso como tal suele ser demasiado largo, producto del colapso de muchas estructuras privadas y públicas, vidas, servicios y muchos otros.

Los desafíos en el futuro cercano son muchos y variados. A partir de esto se establecen algunas mejoras.

– Reforzar a la población sobre conceptos de evacuación, lugares habilitados, ejercicios permanentes y otros

Siempre será importante seguir trabajando en la prevención, entrenamiento y en la sensibilización. Hay zonas más al sur del país donde no se han tenido eventos de magnitud hace muchos años y donde se tiene que trabajar con mayor dedicación en esta línea. Se demostró que es altamente efectiva y bien coordinada y entrenada puede marcar diferencias importantes.

– Revisar estructura del COE dependiendo de la emergencia y flexibilidad

La estructura que se ha formado para el COE nacional es siempre la misma. Tenemos diferentes tipos de desastre y por ende distintos planes de recuperación. Los equipos de emergencia y operaciones deberían conformarse en función de la emergencia y no de manera tan estricta.

Acá existen muchas opciones de mejoras en términos de entrenamiento y funcionamiento de los actores del COE y los roles que ocupan.

– Continuar con medidas de alertamiento como la instalación de sismógrafos

Todo lo que sea inversión en controles preventivos y efectivos siempre es deseado. Para el caso de las costas chilenas es necesario seguir invirtiendo en sismógrafos y su instalación. Se debe tener una red más completa en función del riesgo permanente que tienen estas costas.

– Posibles albergues para funciones básicas. Proceso de recuperación de las funciones esenciales

Este es un tema muy importante para seguir desarrollando. ¿Qué pasa si la contingencia se alarga y requerimos mantener evacuada o en albergues a la población por tiempos más prolongados? Frente a lo anterior, se debe trabajar en generar una estructura que permita mantener a la población afectada por mucho tiempo en lugares temporales, antes de la recuperación al menos parcial.

– Instalaciones en zonas críticas

Aún existen en algunas zonas críticas instalaciones de organismos técnicos e instituciones públicas que pueden ser alcanzadas por los efectos de algún tsunami como resultado de un terremoto. Estos actores son parte del manejo de la emergencia y en algunos casos participan de los COE regionales (Intendencias, Hospitales, Aeropuertos, Instituciones de las Fuerzas Armadas y otros). Por lo tanto, debe existir un plan para sacar a todos los organismos técnicos y públicos que participen de las emergencias de las zonas potenciales afectadas.

– Regulación y estándares

Chile tiene altos estándares respecto a la construcción. Somos un país de constante actividad telúrica, lo que en la práctica implica seguir construyendo con estándares sísmicos. Se debe continuar avanzando en esa regulación, inspección e ir vislumbrando nuevas técnicas de construcción.

– Recuperación y restauración

Es quizás el mayor desafío que se tiene de ahora en adelante. Los acentos tienen que estar puestos en tomar acciones en el proceso de recuperación y restauración. Hay muy poco desarrollado y mucho por hacer. Hay que analizar experiencias internacionales para procesos de reconstrucción y generar marcos de trabajo para actuar con planes de restauración en el corto, mediano y largo plazo entre otras iniciativas.

 

Conclusiones

Chile es un país que ha estado, está y seguirá constantemente expuesto a tener terremotos y tsunamis. Muchos de ellos de gran magnitud. El terremoto más fuerte registrado en la historia de la humanidad ocurrió en Chile el año 1960. Esa amenaza siempre existirá y tenemos que convivir con ella.

La implementación de un Plan de Continuidad de Gobierno, es una urgencia, y Planes de Continuidad de Negocio son muy necesarios. Se está avanzando, vamos por buen camino, pero todavía es insuficiente, recién estamos viendo la punta del iceberg y nos queda mucho camino por recorrer. Estas últimas experiencias nos han puesto a prueba como país, pero también nos han entregado lecciones aprendidas. La inversión que se ha realizado durante estos años en planes de manejo de emergencia, controles y entrenamiento ha sido justificada por los resultados obtenidos. Es cierto que no es factible comparar el terremoto del año 2010 con el reciente de abril de 2014, sin embargo, muchas de las cosas que sucedieron el 2010 pudieron haberse mitigado o simplemente evitado con una mejor planificación de la administración del desastre.

El camino a seguir es claro, el problema es que no sabemos cuándo el siguiente terremoto nos volverá a golpear, en 1 mes, 1 año o en una década, por ende, nos queda recoger las experiencias de lo sucedido ahora, ajustar lo que haya que corregir y apretar el acelerador, hay muchas tareas por hacer y no podemos perder ni un solo minuto.

Héctor Miguel Opazo Santis, es ingeniero civil industrial en Chile, ingeniero en informática, con estudios de Magister Business Engineering, post títulos en evaluación de proyectos y gestión de sistemas de Información. Es certificado CBCP del DRI International. Con casi 20 años de experiencia en el mundo tecnológico a nivel de consultoría y desarrollo tecnológico aplicado. Ha sido consultor en Latinoamérica y Estados Unidos. Se ha desempeñado en cargos gerenciales en diferentes industrias, tales como: consultoría, banca, comercio entre otros. Se ha especializado en dirección de proyectos, negocios electrónicos, continuidad tecnológica y evaluación de proyectos de tecnología. Consultor asociado de Resilience Chile. Profesor titular de la cátedra de e-business en la universidad Andrés Bello donde evalúa proyectos de innovación tecnológica. Opazo puede ser contactado en hmopazo@resilchile.cl.

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