Seguridad industrial y salud ocupacional en la continuidad del negocio

Carlos Alberto Vargas Sabogal

Al hacer la estimación de los impactos financieros y operativos durante la conducción del análisis de impacto al negocio y la evaluación de los riesgos de continuidad para la implementación de un programa de continuidad de negocio en la organización, a las áreas de Seguridad Industrial y Salud Ocupacional no se les analiza con la debida importancia.

La seguridad industrial (SI) y la salud ocupacional (SO) son dos elementos claves para la continuidad del negocio que han venido posicionándose en el diseño de estos programas, debido principalmente a tres factores mutuamente dependientes:

los altos costos incurridos por las organizaciones por el pago de incapacidades, reemplazos e indemnizaciones como consecuencia de los accidentes y enfermedades profesionales; la cada vez más exigente legislación con la expedición de normas internacionales para garantizar mejores condiciones de trabajo para los empleados; y por último, la mayor toma de conciencia sobre la importancia real de la salud ocupacional en uno de los recursos estratégicos del negocio: el ser humano.

Análisis de los requerimientos funcionales

Cada vez que se realiza un análisis de impacto al negocio por procesos, éste se efectúa sobre:

  • La afectación por la no entrega de un bien o servicio derivado del proceso crítico evaluado, los ingresos de la organización, y por consiguiente, sobre su rentabilidad; esto equivale a la eficiencia económica del negocio.
  • ¿Qué tanto se afectan clientes y usuarios por la no disponibilidad de ese bien o servicio? Lo que se traduce en su probable pérdida y la posibilidad de incurrir en altos costos para su recuperación.
  • También, se analiza la afectación a la imagen o marca de la organización en caso de interrumpir el flujo normal del bien o servicio en el mercado, bien por su no disponibilidad permanente, o bien por su calidad, lo que significa el costo de reposicionar la marca.
  • Se evalúa el impacto legal, el cual ocupa un lugar importante en el análisis, por cuanto la no entrega de un bien o servicio dentro de los términos y condiciones pactados con clientes, en especial con los que consumen los mayores volúmenes, en muchos casos implican contratos con fuertes cláusulas de penalidades. Implica costos imprevistos no presupuestados y molestos litigios entre las partes, acarreándose la posibilidad de pérdida financiera por incumplimiento.
  • Se toman en cuenta otras afectaciones como la posibilidad de detener o impactar procesos precedentes o posteriores y el impacto sobre la operación de toda la entidad.
  • La posibilidad de generar fuertes impactos externos sectoriales o por industria, por falta de suministro de bienes o servicios.

Lo mismo sucede cuando se conduce el análisis de riesgos de continuidad. El aspecto fundamental de la evaluación de estos riesgos se concentra en la detección de amenazas y riesgos del entorno externo en cuanto a su posible materialización, ya sean de origen natural y humano y las correspondientes del entorno interno, como fallas en las comunicaciones y en la infraestructura tecnológica; principalmente que conduzcan a la no producción del bien o prestación del servicio y por tanto, a su entrega con retraso.

En mi experiencia, frecuentemente a los aspectos relacionados directamente con el recurso humano se les contemplan dentro del análisis de manera muy superficial, bajo la premisa que cualquier proceso funciona como una combinación efectiva de recursos humanos, tecnológicos, financieros y físicos. No obstante, en los recursos mínimos requeridos para responder y operar ante una contingencia, se considera a las personas como los principales protagonistas de los planes de continuidad y de contingencia.

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Que significa

En la primera década del siglo XXI, con la expedición de estándares globales que conminan a la implementación de sistemas de gestión y normas locales en los diferentes países que obligan la implementación de condiciones básicas de seguridad industrial y salud ocupacional, se han dado pasos significativos en estos aspectos. Sin embargo, en los países en vías de desarrollo solo en las compañías multinacionales, las controladas de manera directa por los entes regulatorios y las que tienen algún grado de obligatoriedad en el cumplimiento de requisitos que impliquen la protección real de sus trabajadores, aplican la normativa correspondiente. Aprendí que las demás no lo hacen sencillamente porque no tienen contemplado en sus estructuras organizacionales la dedicación de personal dedicado exclusivamente al análisis de las condiciones laborales adecuadas, la generación de ambientes de trabajo sanos y el suministro de elementos de protección adecuados a sus trabajadores. Estas responsabilidades descansan sobre áreas administrativas sometidas a fuertes controles de gastos, por lo que la manera más sencilla de reducirlos o eliminarlos es a través una drástica disminución de los gastos en estos rubros.

En mi opinión y basado en las estadísticas del Ministerio de Protección Social en Colombia, los sectores de mayor demanda por una buena gestión del recurso humano, como los de: manufactura, minería de socavón, construcción de obras públicas y de vivienda, ganadería, pesca, agricultura y silvicultura (véase Gráfico 1), son los que presentan las mayores tasas de accidentalidad ya que cuentan con menores recursos tecnológicos para la implementación de planes de continuidad del negocio y donde se concentra la mayor cantidad de pérdidas por este concepto, que afectan significativamente la productividad empresarial y social. En Colombia, particularmente, los nuevos modelos de contratación laboral, han conducido a una más estrecha vigilancia para el cumplimiento de las normas regulatorias, dadas las altas tasas de accidentes generadores de incapacidades permanentes, parciales y totales, y pagos de altas sumas por siniestralidad derivada de los accidentes de trabajo, los cuales, sin lugar a dudas, considero que son un componente clave al momento de la evaluación de los impactos intangibles.

He observado que estos aspectos, para efecto de la cuantificación de los impactos financieros y operacionales, no cuentan de manera específica en el análisis de impacto al negocio ni en le evaluación de riesgos de continuidad y en caso de requerirse, se les asigna un valor estimado basado en el comportamiento histórico de los costos por seguridad industrial y salud ocupacional SISO en la compañía que quiera emprender e implementar un sistema de gestión de continuidad de negocio.

Por otro lado, los planes de respuesta de emergencia, en su mayoría, obedecen a la activación de los planes de emergencia que se encuentren vigentes en la organización, y para los casos extremos como: terremotos, inundaciones, actos terroristas, se acude a las autoridades locales para que se estabilicen las condiciones en que la compañía pueda asumir y controlar el incidente.

Retos para una mejora continua

Los directores de las organizaciones deben entonces, concentrar buena parte de sus esfuerzos estratégicos en la asignación de recursos económicos para la preparación de equipos de respuesta altamente motivados desde SISO ya que al momento de activar los planes de recuperación del negocio, la organización dependerá de la confianza y competencia de los integrantes designados en la responsabilidad de Seguridad Industrial y Salud Ocupacional.

Finalmente, ante la proliferación de los sistemas de gestión para todas las actividades operativas y de control operativo en las compañías, sugiero concentrar todos los esfuerzos en la articulación y evaluación permanente de los indicadores de eficiencia de cada uno de ellos. Asimismo, concatenar toda la información, de manera que sea posible que los programas de continuidad del negocio en particular, tengan la efectividad y el alcance esperados; y se cuente con recursos humanos protegidos, competentes, capacitados y entrenados para su ejecución con éxito, en el momento de requerirse.

Carlos Alberto Vargas Sabogal es ingeniero Industrial de la Universidad Incca de Colombia, licenciado en idiomas de la Universidad Nacional de Colombia, profesional certificado CBCP por DRI International y profesional en las normas ISO 18001 e ISO 19001. Desde hace más de diez años es consultor en el desarrollo e implementación de programas de continuidad del negocio, pruebas y capacitación en compañías de diferentes sectores económicos dentro y fuera de Colombia. Ha sido docente en la Universidad Central de Bogotá en el programa de postgrado de ciencias económicas y administrativas; es columnista y colaborador en el periódico La Calle desde 2007.  Puede ser contactado en cavargas909@hotmail.com

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